jueves, 29 de mayo de 2008

Va soplando el viento

Alto. Un par de preguntas antes de continuar: ¿Recuerdas lo que soñabas, lo que te proponías, lo que buscabas, tu plan? Suponiendo que sí ¿Como estas ahora respecto de eso?

Largo silencio, o en su defecto música agradable. Querer zanjar este asunto antes de dormir, para poder dormir. Suenan con eco las palabras leídas que ella me dejo en la pantalla "Recuerda el budismo zen"... No tanto por el significado explícito del mensaje, si no por su significante, el subjetivismo encerrado, tal como un grupo de palomas comiendo pan en una plaza, súbitamente alzadas a volar por un niño, un caprichoso inocente y sincero que juega y busca, sin dobles intenciones dentro de la realidad. O una ráfaga de viento que levanta las hojas caídas y amarillentas del otoño.

Reacciones en cadena, los pensamientos rebotan y se ponen en acción, alteran el curso del movimiento general del resto de los pensamientos que rebotaban antes de este acontecimiento, se concentran y des-concentran, acercándose a un supuesto centro y luego se alejan, movimientos ondulatorios, espirales, respiración e inspiración, como mariposas, como moscas, como luces en el vacío color negro, como ojos en la oscuridad de la expectación, siguiendo algún ritmo propio e intrínseco de la esencia.

Renovación interior de esperanzas; el agente perfecto, confiable, similar a la ternura amable y tibia de la madre primera, de lo femenino, y si no ¿De donde más podría venir? ¿Acaso se explica de otra manera? Esta osadía de no revisar las palabras recién escritas; voy caminando por la nieve sin revisar mis pasos, lentamente, sin mirar, pero en realidad imaginandolos, sintiendolos en mi interior. O en una montaña mágica, esquiando desafiando la tuberculosis, saludando a tommas mahn. O a Demian, o a Goeth, o a Fausto, o a Jesús, a Buda, o a Robert Fripp, o a mi Padre, o más cercano a mi madre, constelación acuática llena de inspiración, que asusta porque me conoce más que a mi mismo, y aunque ya no necesite probarlo, en la distancia es el recuerdo el que queda, la sensación la que se transforma en concepto, y atacando en momentos de ilusión profunda me hace soltar lágrimas, lágrimas tanto liberadoras como esclavizantes, tan artificiales que dan vergüenza, que en realidad no sirvieron más que para explorar un poco más el patético mundo de mis oscuros secretos, de mis oscuros anhelos, de la continua tendencia de no apreciar el presente y anhelar tanto un futuro como un pasado ideal, pendejerías.

Salud

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