No puedo quitar los ojos de la foto. Tanta gente que no vi, que no recuerdo. Allí, en el fondo, allí atrás, si ahí, ahí estoy. Me gusta un poco ese plano, fuera de las caras monotamente sonrientes, ahí atrás alcanzo a ver, como aparte, siempre me han dicho que soy como aparte ¿Me ves? Sí, ahí, bajo la lámpara, contra el muro, como hablando por teléfono; o sea sí, estaba hablando por teléfono, ya ni me acuerdo con quien. Pero ese era un día importante, algo así como el comienzo del resto de mi vida. Si, si, tienes razón, el comienzo del resto de la vida para muchos como yo, como ellos, los que no recuerdo, tan distintos y tan iguales, tantas caras que no recuerdo y se me aparecen aquí, así, innegables, imposible decir que no existen ¿Como no podrían existir? Y nunca entendí cuando me decían solipsista. Esa tarde estuve sentado escribiendo, dando la última prueba, esa que dicen que marca nuestro destino, que espere con tantos nervios, y que ya paso, y ya estoy en la universidad. Y ahora que lo pienso, no sé a quien le escribo, pero mirar esta foto me inspira, esta foto me hipnotiza, logro entrar nuevamente en el pasado. Maldita sea, me está dando sed, y me pongo inútilmente a pensar qué será de ellos, todas esas caras que no recuerdo, pero recuerdo una, una en especial, una que me hace soñar todavía, me hacia soñar, y hoy día la vuelvo a ver. Ya lo estoy viendo, voy caminando hacia el auto, paso mis manos sobre las gotas de agua que están sobre el, mi mano, el reloj que me regalaron ese día, las llaves en mi mano, meter las llaves, girarlas, fumar algo, mover los pedales, el manubrio, seguir esa ruta que me llevará a ella, mientras continuo pensando en ella, cómo me recibirá ahora, y recordando esa vez, esa vez de la foto, esa vez que la fui a dejar, y no entre me quede parado en la puerta, esa puerta, aunque sus ojos me invitaban, todo su cuerpo me invitaba. En ese tiempo me esperaba otra, otra puerta, otra cama. Mejor tomo estas llaves, ya no puedo esperar más, hoy es el día, hoy me la encontraré de nuevo, pero no aguanto la espera, sólo una cerveza más, ya van 5, no importa, me siento mas libre, y eso no puede dejar de ser bueno. Si ahí están las llaves, justo donde las deje.
Apaga el quinto cigarrillo de marihuana, la tercera película en la noche. Nada es como antes, nada como siempre, en el mar, como el personaje que se lanzaba al aire, imaginando todo, sin lanzarse, porque lo imaginaba solamente, y aquí ella con max, max con ella, abstraídos, sintiéndose, y ella sin decir nada, no hay que decir nada, no se puede decir nada, dice algo, una palabra, un sonido, es algo de ella que se va, que se va. De pronto, como un golpe ¡Zas! Allí estaba, ese pensamiento que ya no alcanzaba a recordar, ahí estaba, ahí enfrente casi al alcance de su mano, si su mano pudiera meterse en su cabeza, como en las películas... Se ríe sin reírse, esto de ver películas, esto de fumar, esto de fumar contigo mi amor. Pero ahí estaba, enfrente, también detrás. Qué emoción, pero no digas nada. Se sobresaltó, pero no encontraba palabras, sólo imágenes, sonidos, ambientes, planos ¡Si, planos! Esa era la palabra, espera, no digas nada, no abras la boca, excepto para aspirar este humo que nos va reconcentrando en el punto ínfimo del abismo, sí, las sensaciones enfocadas perfectamente, como en el cine, como una toma perfecta, espera, no digas más. Ambientes, sonidos ¿Y si salgo a la calle? Esta tridimensión me esta asustando, en las películas no hay tridimension ¿Es que acaso esto no es una película? De nuevo el ruido, pero ya no era zas, era crash, como un choque que estremeció su cabeza, creo que he fumado mucho ¿Me habré movido? Espero que max no lo haya notado. Pero ese ruido no era de ella ¿por eso el ruido estridente e imprevisto? ... Un silencio de concentración en los presentes (solo ellos dos), como si el mundo les lanzara una piedra por la ventana, como la profesora que llama la atención porque no hacen caso a la clase, tan importante, tan evaluada, seis coma cinco ¿Y que más? Max abre los ojos. "No, pero enserio", como si terminara de decirse a si mismo; un incauto pensamiento logró salir de la boca de Max (que dormía, no, nunca se podía saber, porque siempre parecía soñar, que no es lo mismo que dormir), pero ella no, ella nunca, ella se iba con cada respiro, cada idea, cada expresión, a ese mundo en tres dimensiones, pero max no sabia. Otra vez max "¿No lo escuchaste?" Si, le estaba hablando a ella, no estaba hablando solo como tantas veces. Ahora estaba decidido, era verdad, el mundo les lanzaba una piedra. Con mucho esfuerzo se asomaron por la ventana. Cinco pisos del suelo, y en la calle, mojada, reflejando las luces artificiales, en la calle, ahí, de entre las ruedas y el cemento, de entre ese pedazo de papel arrugado que antes era un auto, entonces no era papel, si es un auto, lo que queda de un auto, entonces es metal que parece papel, tan tres-dimensiones, como si dios bajara su mano y lo aplastara, tan duro y frío que es el metal. Tan frío, ahí se veía una mano, una sola, intentando zafarse del destino que condenaba al cuerpo, pero era parte del cuerpo, y no podía escapar, sin embargo ahí, en la vereda, la calle mojada, los dedos resbalándose. Además el reloj, el tiempo, sin ser mano, ahí. La mano tratando de escapar, del cuerpo, del reloj, del tiempo, de la muerte. Un escalofrió, el mundo es peor que las películas.
Mientras ella se levanta de la silla, piensa algo sobre sus deberes, que la persiguen. Aunque no alcanza a ahogarse en su peso, como muchos otros, como él, si él, ese, el del fondo, en la foto, en la pared, en sus ojos que miran la pared esperando, que se levantan y los deberes. Los deberes, molestos, como moscas, apenas percibidos, y no es que sea un problema de concentración, tampoco es que elija la totalidad del mundo, y en ese acto ignore voluntariamente, para ella las cosas son, y paramos de contar, hasta ahí llegamos. Ahora se prepara un te. Sí, también se acuerda. Y hoy es el día, de un momento a otro, cuando los minutos suficientes pasen, él entrará por esa puerta, esa puerta que nunca alcanzó a entrar, que las circunstancias, que los compromisos, las creencias, no nunca entró. Aunque ella lo mirara, lo quisiera. Pero ahora si, ahora iba entrar, se iban a sentar, mirarse atentamente, sin sacarse los ojos de encima, sin deberes, ahí, ellos, la mesa, algo para la sed, algo para fumar, algo para besar, para tocar, la soledad termina ahí, con las ropas en el piso. Y los minutos pasaban. Al fin suena la tetera. Pero no es el timbre, nunca el timbre.
jueves, 2 de octubre de 2008
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1 comentario:
Un escalofrió, el mundo es peor que las películas.
mi parte favorita.
eso de las ropas en el suelo y tokar y nose ke ,es commo mushoo pero entendí bien la idea del cuento.(:
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