Quizás siga soñando contigo. Aunque es más correcto decir que quizás sigas apareciendote en mis sueños. Y mientras siga así, no sabrás quién soy. De hecho, ni siquiera yo sé quién eres. Una santa mirada maldita, probablemente sólo ojos, porque mirada...
Entonces unos ojos espeluznantes que te calan en el alma, aunque no creas en ella. Te calan tan hondo, la impresión es tan fuerte, que se graba en los recuerdos mal recordados, se apila con todas esas imagenes que, mal catalogadas, terminan siendo inconcientes. Y es precisamente cuando estoy fuera de la conciencia cuando apareces. Qué idiota decirte que me haces soñar, qué idiota imaginarme escenas imposibles, qué idiota pensar en conocerte. Incluso aunque intentaras convencerme.
Porque debajo de esto hay algo que incluso podría ser tierno: Yo mismo me nutro de ilusiones cuando me flaquean. Recurro a los malos recuerdos, los detalles improbables, y con un puñado de estos me pongo a soñar. Y como dije alguna vez, tal cual con los clichés con estos podríamos armar una pirámide si los juntamos, y en el mejor de los casos un cubo rubik.
(Llegando a este punto se hace conveniente solicitar una explicación por la presencia de la escopeta en mis manos, en una posición tal que si seguimos la linea del cañón, nos encontraremos con tus ojos lagrimando, y tu cuerpo templando. Bueno, en realidad creo que esa es una buena pregunta.)
miércoles, 4 de febrero de 2009
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